Estaba sentado en un muro, observando el aire, la nada, el calor, dejando pasar el tiempo casi sin moverse. Y yo allí, agazapada, medio escondida, para que no me viera y desapareciera asustado. Yo allí estaba también, observándolo a él, a su peluda cara, captando casi sus pensamientos a través de los leves movimientos en su expresión, observando sus mullidos y peludos bracitos, sus piececitos balanceándose en el aire, su suave y blanda tripita... En sus ojos de plástico, tan llenos de vida en ese momento, ya que no se sabía observado por humanos, pude leer mucha curiosidad, muchas preguntas... pero también mucha s(u)aviduría e inteligencia. Un gato se le acercó. Era un gato grande, gris, atigrado, de grandes patas y con una mancha blanca en la punta de la cola. Se acercó a él y creí adivinar que se conocían ya que intercambiaron lo que a mí me pareció una especie de saludo, extraño a mis ojos, como un ritual que ambos parecían conocer. Se sentó a su lado y ahí se quedó, observando el aire, tan quieto, que por unos instantes ambos me parecieron peluches inertes y no un gato y un Peño.
Contemplando
Estaba sentado en un muro, observando el aire, la nada, el calor, dejando pasar el tiempo casi sin moverse. Y yo allí, agazapada, medio escondida, para que no me viera y desapareciera asustado. Yo allí estaba también, observándolo a él, a su peluda cara, captando casi sus pensamientos a través de los leves movimientos en su expresión, observando sus mullidos y peludos bracitos, sus piececitos balanceándose en el aire, su suave y blanda tripita... En sus ojos de plástico, tan llenos de vida en ese momento, ya que no se sabía observado por humanos, pude leer mucha curiosidad, muchas preguntas... pero también mucha s(u)aviduría e inteligencia. Un gato se le acercó. Era un gato grande, gris, atigrado, de grandes patas y con una mancha blanca en la punta de la cola. Se acercó a él y creí adivinar que se conocían ya que intercambiaron lo que a mí me pareció una especie de saludo, extraño a mis ojos, como un ritual que ambos parecían conocer. Se sentó a su lado y ahí se quedó, observando el aire, tan quieto, que por unos instantes ambos me parecieron peluches inertes y no un gato y un Peño.
Secretos
¿Quién te contó todos esos secretos? Me los contó un Peño despeinado. ¿Un Peño despeinado? Sí, me lo encontré el otro día, en un parque. Yo estaba observando las hormigas y él se me acercó con expresión huraña. Venía a ver que no les hiciera daño, a las hormigas. Cuando vió que solo las observaba, cambió la expresión de su peluda cara y me habló de modo dulce y cálido. ¿Por qué dices que estaba despeinado? Porque sus pelitos seguían un orden extraño, desconocido para mí. Y, ¿qué te dijo? Todo y nada. Me habló durante una décima de segundo y su conversación duró horas. A veces aun puedo escuchar su voz suave... Me dijo tantas cosas que no soy capaz a recordar nada y sin embargo, sé que nunca olvidaré ni una sola de las palabras que salieron de su boca. Sin tocarme me abrazó de un modo tan tierno, que en ese momento - y aun ahora- sentí como si el Universo entero me abrazara y después... después se fue quedándose para siempre a mi lado. ¿Sabes? Es muy difícil entender todo esto que cuentas, no son más que contradicciones... Para ti son contradicciones, para mí, es una historia hermosa y llena de poesía. No me la arrugues con tu raciocinio, no me la manches de lógica, de coherencia... déjala ser, no la juzgues...
¿Crees que te hace bien estar en ese mundo? ¿Ya olvidaste todos los secretos que me reveló el Peño despeinado? Ah! Sí! los secretos!... pero aun así...
El niño II

Sentada en el autobús, esperando a que se pusiera en marcha y me llevara junto a TI, entraron un perrito y dos personas hablando en voz alta. Yo estaba cansada, Peño, cansada y con frío, deseando llegar a casa para poder echarme un rato y a tu lado, dejar hablar a mi corazón. Me fijé en el perrito, tan lindo, tan peludo, tan semejante a ti! Fue después de algunas frases, pronunciadas por uno de los humanos, el niño, que comencé a prestarle atención a su conversación. Sobre todo hablaba él. La mujer que lo acompañaba, la cual resultó ser, por lo que pude escuchar, una antigua vecina, casi solo participaba en la conversación con monosílabos o frases cortas. Presté atención a la conversación, Peño, porque las palabras del niño me hacían sonreír, me llegaban al corazón. Fueron sus palabras, su capacidad de expresarse tan bien a una edad tan temprana y también lo que decía, lo que consiguió conmover mi alma. En ellas pude adivinar mucha imaginación, una gran capacidad de ponerse en la situación de otras personas y un intenso deseo de ayudar a sus semejantes y asumir responsabilidades. ¿Es posible, Peño, que un niño de unos 4 años sea capáz de todo eso? No lo sé, pero lo que si sé, es que escuchándolo, tuve la sensación de no haber tenido el lujo de "conocer" a alguien tan interesante desde hacía mucho tiempo. Aunque me mataba la curiosidad de verlo, para poder calcular mejor su edad, para poder percibirlo aun mejor, no me volteé y ya que él estaba sentado detrás de mí, no lo ví hasta que se bajó del autobús, acompañado por la señora, el perrito y portando en la mano un Peño.
Melo Osete

Buenos días Damas y Caballeros,
mi nombre es Melo Osete y soy un Peño. El motivo por el cual me dirijo a ustedes, es para preguntarles, si es que hay algún club de prestigio para Peños. Mis aficiones son el pelosgolf, el pelenis, la peludota paisositil, el peñosdrez y la peñación por nombrar algunas. Sería para mí de gran agrado, el poder practicar estos deportes en compañía de otros Peñ@s.
Reciban un cordial saludo:
Melo Osete del Pelito Suapadín
Violencia peñil: una consecuencia de la sociedad pelital de consumo
La imagen terrorífica que ilustra este reportaje es una de las cada vez más habituales escenas de violencia entre peñ@s que se producen en el mundo pelital. No sufran: la escaramuza de la instantánea no acabó en tragedia. Tras un breve forcejeo, la ratilla logró zafarse de las fauces de peluche de su captor. Eso sí, varios mechones de pelitos y una huella psicológica recordarán al suapadín roedor lo cruel que puede llegar a ser el mundo a veces.
Los expertos son unánimes a la hora de constatar el aumento alarmante de las agresiones entre peñ@s. También coinciden en las causas: la sociedad postmoderna, postindustrial y postpelital ha conducido a una pérdida de valores esenciales y consustanciales al mundo peñil. Sí: es verdad que Pesina recurría con frecuencia al "picotazos ya!"; pero aquello era una forma alegre y vivaracha de solventar situaciones en juegos de peñ@s, muy alejada de la visceral conducta agresiva de algun@s peluches actuales.
Al viejo Yaki no se le respetaron sus azules pelitos y, durante una larga temporada, todo le olía a cuello. Aquello pudo ser el principio del fin de la armonía en el mundo peñil. La imagen final de Pesina la Vieja tampoco fue muy edificante. Para recuperar el espíritu de los viejos peñ@s y sus enseñanzas habrá que bucear en su Historia y aprender las viejas lecciones.
Los Peños desembarcan en la gran pantalla con el corto En la Siesta
Hasta la fecha las grabaciones de vídeo protagonizadas por peños no eran más que retazos absurdiles de sus vidas cotidianas o ni eso: saludos a cámara, frases ininteligibles con voz de pito, referencias escatológicas, gestos impúdicos...
Pero al fin, una sensibilidad culta y elevada l@s ha convertido en protagonistas de una pieza del Séptimo Arte. La realizadora novel Naz Von Trier ha presentado al mundo su cortometraje En la Siesta. Una descarnada historia coral que refleja con verismo el peligro de ser peño en un mundo poco suapadín.
La magistral interpretación de Esbardu, encarnando (¿pelitando?) un pretendido vídeo-aficionado que quiere presentar a sus amiguit@s da paso a una trama compleja y elaborada, en la que cada frase y cada pelito son una metáfora peluda. Exclamaciones tales como "¡las ratas no somos raras!" o "¡habrá que darle a un botón!" golpean la conciencia del espectador como repetitivos empellones que le despeñan ('despeñan' jua, jua, jua) por el abismo de la incomprensión (¿del idioma osito?) y de la inexorable tragedia final.
http://www.notodo.com/concurso/lifecam/video/1090/En%20la%20siesta
Merece especial mención el asombroso repertorio de efectos especiales de esta obra: si creían que después de Avatar lo habían visto todo, prepárense... burros de peluche que vuelan, humanos que duermen la siesta, muñecos de peluche que hablan...
Si no han visto este corto, sus vidas son una mierda. Y si lo han visto sentirán que sus vidas son una mierda. En todo caso, no se lo pueden perder, mierdones.
Pero al fin, una sensibilidad culta y elevada l@s ha convertido en protagonistas de una pieza del Séptimo Arte. La realizadora novel Naz Von Trier ha presentado al mundo su cortometraje En la Siesta. Una descarnada historia coral que refleja con verismo el peligro de ser peño en un mundo poco suapadín.
La magistral interpretación de Esbardu, encarnando (¿pelitando?) un pretendido vídeo-aficionado que quiere presentar a sus amiguit@s da paso a una trama compleja y elaborada, en la que cada frase y cada pelito son una metáfora peluda. Exclamaciones tales como "¡las ratas no somos raras!" o "¡habrá que darle a un botón!" golpean la conciencia del espectador como repetitivos empellones que le despeñan ('despeñan' jua, jua, jua) por el abismo de la incomprensión (¿del idioma osito?) y de la inexorable tragedia final.
http://www.notodo.com/concurso/lifecam/video/1090/En%20la%20siesta
Merece especial mención el asombroso repertorio de efectos especiales de esta obra: si creían que después de Avatar lo habían visto todo, prepárense... burros de peluche que vuelan, humanos que duermen la siesta, muñecos de peluche que hablan...
Si no han visto este corto, sus vidas son una mierda. Y si lo han visto sentirán que sus vidas son una mierda. En todo caso, no se lo pueden perder, mierdones.
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El uso de las sustancias peñotrópicas en el desarrollo pelital
Querid@s tod@s:
me gustaría abordar el tema en el título mecionado, para que no surjan malentendidos con respecto a una de las entradas anteriormente publicadas, en la que se hace referencia al uso de las sustancias peñotrópicas.
Quisiera, en un principio, dejar claro que nosotrines, los Peños, en ciertas ocasiones hacemos uso (ojo, sin llegar al abuso) de determinadas sustancias que alteran de manera temporal nuestra percepción sensorial, pero siempre con el fin de alcanzar un estado que nos permita acercarnos a la Pelitidad (o a la Suapinéz) Absoluta.
Dichas sustancias, son siempre naturales y no tienen que ser sometidas a ningún tipo de proceso químico, para ser capaces de ayudarnos a alcanzar un estado de Peñensciencia Absoluta.
Si bien es cierto, que durante el uso de las mencionadas sustancias, puede darse el caso de aparición de ciertos síntomas similares a los observados en los pelados que se encuentran bajo los efectos de alguna droga, no se pueden confundir éstos, ya que cuando uno es bien peludo y su relleno aun está en buenas condiciones, las sustancias peñotrópicas no alteran ni dañan en modo alguno nuestra peñez. La aparición de éstos síntomas similares a los de la embriaguez pelada, es solamente uno de los efectos secundarios que se presenta tras haber ingerido alguno de estos extractos, pero no es nunca el fin de tal ingestión y va siempre y en todo momento acompañado de un estrecho acercamiento a la Suapinéz Absoluta.
Por desgracia para ustedes, los pelados, parece resultar difícil el diferenciar un estado del otro, fenómeno probablemente debido a que su nivel de Peñisciencia se encuentra aun en una fase de desarrollo muy primitiva.
Peludos saludos,
Peñinpoche
me gustaría abordar el tema en el título mecionado, para que no surjan malentendidos con respecto a una de las entradas anteriormente publicadas, en la que se hace referencia al uso de las sustancias peñotrópicas.
Quisiera, en un principio, dejar claro que nosotrines, los Peños, en ciertas ocasiones hacemos uso (ojo, sin llegar al abuso) de determinadas sustancias que alteran de manera temporal nuestra percepción sensorial, pero siempre con el fin de alcanzar un estado que nos permita acercarnos a la Pelitidad (o a la Suapinéz) Absoluta.
Dichas sustancias, son siempre naturales y no tienen que ser sometidas a ningún tipo de proceso químico, para ser capaces de ayudarnos a alcanzar un estado de Peñensciencia Absoluta.
Si bien es cierto, que durante el uso de las mencionadas sustancias, puede darse el caso de aparición de ciertos síntomas similares a los observados en los pelados que se encuentran bajo los efectos de alguna droga, no se pueden confundir éstos, ya que cuando uno es bien peludo y su relleno aun está en buenas condiciones, las sustancias peñotrópicas no alteran ni dañan en modo alguno nuestra peñez. La aparición de éstos síntomas similares a los de la embriaguez pelada, es solamente uno de los efectos secundarios que se presenta tras haber ingerido alguno de estos extractos, pero no es nunca el fin de tal ingestión y va siempre y en todo momento acompañado de un estrecho acercamiento a la Suapinéz Absoluta.
Por desgracia para ustedes, los pelados, parece resultar difícil el diferenciar un estado del otro, fenómeno probablemente debido a que su nivel de Peñisciencia se encuentra aun en una fase de desarrollo muy primitiva.
Peludos saludos,
Peñinpoche
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